NECESIDAD DE REALIZAR UN PROYECTO

Ordenar más palabras no puedo. No pensar. Colocar. Empezar desde cero. Te sugiero crear una vía para el despegue. Qué te hace sufrir más, tu incapacidad de contener o tu incontinencia; que no es lo mismo perder lo que se tuvo que desbordarse en palabras que temen nunca ser hechos. Y aún así se desprenden y duelen, que por algo te llamaste “Entendimiento en Movimiento”, por miedo a la parálisis de la acción por un exceso de pensamiento. O de mis compañeras las Dudas. O de mi salvador, el Miedo. Y a él me acojo y protejo, que nunca me abandone dejándome satisfecha con el silencio; el silencio del santo talento y su cometido sincero: PERMITIR QUE EXPLOTES Y TE DISUELVAS EN EL TIEMPO. Para que puedan olvidar tu nombre, para que te mueras resuelto, para que te sanes completo. Para entender que no eres nadie más allá de tu necesidad de soltar tus verdades al viento.


Me di una pausa para escuchar el escalofrío que me cruzaba el pecho, las ganas de llorar, no es fácil reconocer que eso que quieres dar te lo estás dando sólo a ti mismo. Y eso que nunca pretendiste mentirte, que parecías estar alerta, que te mentías elegantemente y elegantemente te sacudías tu sueño. Pero a veces la elegancia no es suficiente, hay que recurrir a la locura que desordena hasta el sentimiento. Y desde éste desorden me sacudió un hecho: gracias a tu pobre locura se rescatará su dueño, tu pobre y cada vez más leve entendimiento. Y gritarás lo que todos saben, todo lo que ya está escrito, que intuyen todos los corazones, que reivindican todos los besos, que aterra a los pensadores y a los que necesitan pruebas, análisis, documentos. Lo que no tiene precio en el mercado y por eso los precios siguen subiendo, que nos impide comprarnos casas pero no teléfonos. Lo único que incluso desordenado ablanda el pensamiento, lo abraza y acuna, lo mueve despierto.


Y aún así no salían palabras de mis sabios dedos, sabios porque sienten más que opinan, y por eso entienden. Pero les costaba bailar verdades del corazón y no por falta de entrenamiento, que no lo necesitan por tener contacto directo. Por eso soy yo ahora la que me entreno, y hago ejercicios de ser obvia y sincera con mi sentimiento, de permitirle a mi piel respirar cada instante completo. Cada bocanada de llanto. Cada bosquejo de viento. Y cuando mi voz no me lo permite mi sonrisa lo apunta, mi gesto lo sella y lo firma mi corazón latiendo. Por eso su voz ya no es mía, y así resolví aquel miedo. Su voz grita en vuestros oídos y algunos le llaman AMOR, yo lo llamo MOVIMIENTO.


Dejad que os rescaten sus garras,

Dejadme moveros de amor por dentro.



Inma Vicente,

Clases de danza para todos los cuerpos



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